lunes, 2 de noviembre de 2009

Crónicas de Malasaña (y 4)

NOTA: Cuando salimos hacia Madrid a grabar el nuevo disco, lo hicimos armados de cámaras de foto y vídeo, módem, un par de macs y hasta el Final Cut para montar y colgar vídeo, fotos y crónicas en tiempo real. Como de buenas intenciones está lleno el infierno, las nuestras deben estar ahora mismo hirviendo en alguna caldera, porque no cumplimos ni uno de nuestros propósitos. Aquí van, no obstante, algunas notas tomadas durante los días de grabación, que deberán servir de cutre sustituto para quien pueda tener interés en ellas. Vale.

31.10.09


El final de la crónica, como en todos los viajes de ida y vuelta, llega desde casa, en la habitación que yo llamo orgullosamente estudio y el resto del mundo leonera. Esteban acaba de telefonear para decirme que se sube al AVE y para contarme (varias veces, o no sería él) una historia que le tiene emocionado, con razón, y de la que no estoy autorizado a hablar. Mati llegó conmigo hace unos días y se repone en su casa de violentos y merecidos dolores de estómago fruto de sus excesos gastronómicos, aunque deben verse algo mitigados por la alegría que le ha dado el maestro Gualicho pintando el exterior de su oficina (véase la foto, no es para menos). Y Maxi está a punto de subirse a un avión... hasta donde yo sé. Con Maxi las garantías nunca son al 100%, suelen pasarle cosas que no le suceden a nadie más. Me recuerda a algo que Slash decía sobre Axl Rose, “es un imán para los problemas; si los cepillos de dientes trajeran una advertencia sobre el riesgo de ahogamiento, probablemente se ahogaría”.


En fin, de un modo u otro volvemos todos al campo base, a pasar un tiempo tranquilo con los nuestros y disfrutar de amigos, amantes, visitas a Ikea y a los Encantes Viejos para seguir con los eternos works in progress que son nuestras casas, rutinas variadas, un domingo con periódicos normal y supongo que alguna reunión con el jefe Davyd para que justifiquemos aquellos 60 mangos de no recuerdo qué. A 650 kilómetros de aquí quedan no sólo las pistas del nuevo disco, sino tres personas maravillosas a las que nunca podremos agradecer bastante el talento, el amor y la paciencia que han puesto a nuestro servicio. Este disco, cuya producción iba a estar inicialmente en manos de Coti, pasó a control de su “doble” mano derecha, Matías Sorokin y Max Miglin, por motivos de agenda (cualquiera que vea la de Coti entenderá que, o bien en su oficina le odian y se dedican a mandarle a recorrer medio mundo sólo por putear, o es el mayor adicto al trabajo que hemos visto en muchos años; me inclino por lo segundo). Y, perdón por el horrible juego de palabras, no fue un error. Aunque él sigue siendo el padrino del proyecto en la nueva etapa de nuestra carrera (de nuestra vida, que viene a ser lo mismo), Matías y Max han sido los verdaderos genios al control; dos personas a las que ya consideramos pieza permanente del motor de esta banda y a quienes, apenas de vuelta, ya echamos de menos. Por añorar, hasta añoramos el momento más temido de Matías, cuando tras el cristal del estudio se pasaba el pulgar en sentido horizontal por debajo de la barbilla en simulado degüello, gesto que enseguida aprendimos a interpretar como “ese arreglo va fuera, y no me hagas entrar ahí”.


En pago de todo ello les hemos dejado un estudio lleno de colillas, latas de cerveza y restos de comida y siete canciones por mezclar, pero intuimos que, aun así, éste es un amor correspondido. Y si así no fuera, siempre pueden dejar aquí un comentario que procederemos a borrar de inmediato, faltaría más.

Hemos terminado el trabajo. A partir de aquí, y esto es lo que se le hace más extraño a una banda que hasta hoy siempre estuvo encima de todo, desde la planificación de giras a la elección de estudios, la negociación de contratos y las peleas varias con el show business, casi nada está ya en nuestras manos, sino en otras mejores. Your turn, buddies!

Love,

P&O.

Crónicas de Malasaña (y 3)

NOTA: Cuando salimos hacia Madrid a grabar el nuevo disco, lo hicimos armados de cámaras de foto y vídeo, módem, un par de macs y hasta el Final Cut para montar y colgar vídeo, fotos y crónicas en tiempo real. Como de buenas intenciones está lleno el infierno, las nuestras deben estar ahora mismo hirviendo en alguna caldera, porque no cumplimos ni uno de nuestros propósitos. Aquí van, no obstante, algunas notas tomadas durante los días de grabación, que deberán servir de cutre sustituto para quien pueda tener interés en ellas. Vale.

23.10.09


Estoy en la sala de los ociosos del estudio, en la que conviven quienes a) Aún no tienen que grabar, b) Ya no tienen que grabar, c) Su avión, tren o furgoneta no sale todavía, o d) Pasaban por allí. No hay nadie en esta tarde tranquila, salvo yo y Sorokin que, en la sala de control, sufre la parte más ingrata de su trabajo (o a mí me lo parece... cuando se lo digo, él solo sonríe; cansado, pero sonríe): escuchar las pistas de bajo y batería golpe por golpe, plato por plato, nota por nota para asegurarse de que todo está donde debe; no sé de dónde saca el aguante. En fin, mi trabajo y el de Mati han terminado y mañana nos volvemos a Barcelona con la mayor parte del equipo y dejamos que Esteban y Maxi rematen la faena. En algo menos de una semana hemos grabado siete temas en sesiones de grabación relajadas y punteadas por hamburguesas americanas, altos tallarines, vinos de la ribera, conciertos y faranduleo con Coti y compañía y alguna que otra copa tardía comentando la jornada pero, en general, sorprendente contención a la hora de devolver a cada mochuelo a su olivo. ¿Nos estaremos haciendo mayores o, peor aún, maduros?


Es bonito estar haciendo este disco en Madrid. Para cada cuál por un motivo distinto esta ciudad es muy especial: Esteban puso aquí su primer pie en España y me parece que es feliz estando tan cerca de determinados sitios donde no lo pasó muy bien, en una situación tan distinta y haciendo lo que toda su vida deseó. Max y Mati, por su lado, dicen que la zona de Gran Vía con Plaza de España podría ser cualquier avenida bonaerense y, por muchas veces que lo hayan hecho ya, no se cansan de meterse en el Museo del Jamón y en cualquier otro sitio de lo más castizo que puedan encontrar. En cuanto a mí, mi historia de amor con la capital viene de atrás y cada vez me siento menos un extraño y más un hijo bastardo de esta ciudad donde, por cierto, nadie es de aquí por muchos años que lleve instalado. Como yo pero al revés: sin haber estado nunca instalado, siento que llevo en realidad muchos años aquí.

Hasta la siguiente,
P.

P.D. Nuevas fotos en http://www.flickr.com/photos/ovni1984/

Crónicas de Malasaña (y 2)

NOTA: Cuando salimos hacia Madrid a grabar el nuevo disco, lo hicimos armados de cámaras de foto y vídeo, módem, un par de macs y hasta el Final Cut para montar y colgar vídeo, fotos y crónicas en tiempo real. Como de buenas intenciones está lleno el infierno, las nuestras deben estar ahora mismo hirviendo en alguna caldera, porque no cumplimos ni uno de nuestros propósitos. Aquí van, no obstante, algunas notas tomadas durante los días de grabación, que deberán servir de cutre sustituto para quien pueda tener interés en ellas. Vale.

21.10.2009
Saludos desde la Plaza del Dos de mayo en Madrid, que se ve con ojos muy distintos tras haber leído Un día de cólera, la crónica de Pérez-Reverte sobre la locura carnicera del 2 de mayo de 1808, cuando la práctica totalidad de Malasaña era un almacén de artillería donde cuatro militares y apenas 300 madrileños desharrapados plantaron cara al ejército más poderoso del mundo, hartos de la arrogancia de los franceses, que a su vez estaban dispuestos a deslumbrar al pueblo español con las luces de la modernidad, les gustara o no. Quienes cayeron prefirieron defender el viejo régimen, una España de analfabetismo, sotana rancia y absolutismo borbón que terminó de nuevo en manos de un rey tan miserable que no merecía la valentía del pueblo que se batió por él a navaja, maceta y cuchillo jamonero. Y ni yo, que de seguro hubiera sido más afrancesado que el mismísimo Moratín, puedo jurar que no hubiese salido a la calle ese día de haber sido madrileño.

El indómito carácter de estas gentes, en cualquier caso, ha llegado hasta nuestros días y se manifiesta principalmente en la forma que tienen de conducir: a degüello, marica el último y no me bajo del coche a traspasarte con mi acero porque llego tarde. Por suerte hace días que hemos soltado la furgoneta y vivimos todos en los alrededores de los estudios Mamasound, con lo que la jornada de trabajo empieza siempre con un agradable paseo por estas calles que huelen a historia (bueno, y algunas a pis) en cada esquina. Mati terminó ya sus baterías y a servidor le queda una canción para acabar con los bajos; el ritmo de trabajo es bueno y sin duda se ha agilizado desde que tuvimos el buen sentido de poner nombres distintos a los dos Maxis (Segovia y Miglin) y los dos Matías (Segovia y Sorokin)... los primeros días eran más bien confusos, porque o se daban la vuelta los dos interpelados, o ninguno.

El trabajo con Max y Mati (los productores, no los otros, ¿ven a qué me refiero?) es un lujo al alcance de pocos y somos conscientes de ello: estamos en una especie de clase maestra sobre el modo de hacer las cosas, desde las puramente musicales al talante que hay que tener para estar ocho horas en un estudio sin perder los nervios. Son el hombre tranquilo, pero desdoblado en dos personas, y todo el que ha trabajado alguna vez con nosotros sabe que buena falta hace tener ese carácter; a veces pienso que deberíamos cambiarnos el nombre de Ovni a Los Rompepelotas. Miglin y Sorokin, no obstante, son tíos bregados que saben como manejar a cuatro como nosotros. ¿O no? Creo que me vuelvo al estudio a ver si ha pasado algo irremediable en mi ausencia. Lo cierto es que el proceso de grabación de un disco es curioso y un tanto esquizoide; te marchas porque ya no soportas más escuchar la misma canción por enésima vez pero, transcurrido un tiempo ridículamente breve (digamos tres cañas) ya estás deseando volver a ver qué tal. Además, no puedo evitar sentirme el papá pitufo de esta banda, y lo que he dicho antes sobre saber manejar a los chicos no me lo creo ni yo.

Hasta la próxima,
P.

domingo, 11 de octubre de 2009

Arde Malasaña

Barcelona, 30.09.2009

Malasaña, of all places. Ah, Madrid. Desde nuestra amada Barcelona de acogida, la capital se ve siempre trofeo codiciado, línea de meta a cruzar, grande entre las grandes plazas que tenemos pendientes como Buenos Aires, DF, Los Angeles, Tokio... Y ahora, por casualidad, por alineación de los astros o porque los dioses lo ordenan así, no va a ser el lugar donde cortemos la cinta de llegada, sino donde oigamos el pistoletazo de salida. En quince días volvemos al centro del centro de España, corazón rockero de la piel de toro, el barrio que tantas noches nos vio tocar como canallas, beber como camellos, crapulear como el más curtido de los lugareños y pelear la fiesta como el más aguerrido de los veteranos. Esta vez, ay, habrá que controlarse: se graba nuevo disco en el estudio Mamasound de Max Miglin guiados por el talento de los Sorokin, respaldados por amigos que nos quieren bien, seguros de nosotros y espoleados por la certeza de tener entre manos un puñado de canciones que talento, sangre, sudor y lágrimas hicieron llegar hasta el día de hoy para proceder a su inmortalización en cinta de dos pulgadas (permitidnos la licencia poética y no nos hagáis decir disco duro) y mostrar al mundo, a quienes siempre creyeron y a quienes aún no saben que existimos, de qué somos capaces.

Muchos nos habéis preguntado dónde hemos estado metidos, en qué hemos andado, incluso y para desesperación de Mati, que siempre lo quiere todo para ayer, si nos habíamos separado... a todos os agradecimos el interés y os prometimos que sólo habíamos levantado el pie del acelerador, esperando una señal para volver a pisarlo con el espíritu del viejo adagio olímpico “más lejos, más alto, más fuerte”.

Ya ha comenzado.

Hasta la próxima,
O.
rompiendotodo.com

P.D. Como cualquier excusa es buena para hacer el mal, antes de encerrarnos en casa Miglin y por aquello de "una más antes de irnos", hemos decidido pegar fuego al escenario del Costello Club, el martes 13 de octubre (¿quién dijo miedo?) y en compañía de Maika Makovski y Onda Vaga. Si quieres escuchar antes que nadie los nuevos temas que grabaremos con Coti, no hay mejor ocasión. Vamos, no hay otra. :)






Tu Necesidad from Ovni on Vimeo.

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